domenica 28 dicembre 2014

El canto silencioso

Cuando fui a Asís comprendí porqué san Francisco había encontrado a Dios. Era imposible en ese hermoso paisaje no sentir Su Presencia. Al mismo tiempo, todo en Asís respiraba la presencia del santo; era como si se le sintiese caminando por la ciudad o contemplando los girasoles. 

Siempre me pregunté ¿es la naturaleza que transformó al santo o es el santo que impactó en la naturaleza? Hoy tiendo a pensar que fueron ambos. Por un lado, Francisco tuvo la sencillez de corazón para interpretar el silencioso canto que toda la creación tributa a Dios.  Al escuchar el canto de las aves, el murmullo de los ríos, el soplido del viento, la fuerza de la tormenta percibió la melodía de alabanza a Dios. Y al mismo tiempo contemplando la creación pudo alzar los ojos y descubrir la dulce sinfonía del Dios de la paz, de la belleza, del amor. Él logró captar la relación entre el Creador y su creación y quiso entrar en ese diálogo de amor.  Armonía perfecta entre el Creador, la creatura y la creación.

Hoy, estoy aquí en el maravilloso Lago Hayes en Nueva Zelanda y me vino a la mente el cántico a la creación de San Francisco. Reafirmé que sólo se encuentra la belleza de la existencia alabando a Dios como lo hacen los cielos, la tierra, los mares y lagos. Encuentro todo el sentido de la vida ahí… justo ahí.

El cántico de San Francisco ha sido reconocido como el primer poema en italiano “y el más bello trozo de poesía religiosa” por su profunda hermosura y simplicidad. Y si bien lo he rezado y leído muchas veces es hoy que me impactó de manera especial cómo incluye en su oración junto a alabanza del  sol, la luna y las estrellas, al corazón humilde que perdona, que sabe sufrir, que vive en paz. Hablaba de su propio corazón.  Francisco  en ese momento sufría y pudo incluso en el dolor descubrir a Dios. Gran Misterio. Es  el corazón puro que permite que la misma persona convierta su vida, sus luchas y su existir en una alabanza a Dios.  

Cántico de San Francisco
Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas…
Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.
Alabado seas, mi Señor,
por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.
Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.
Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar…
Bienaventurados a los que encontrará
en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.
Alaben y bendigan a mi Señor

y denle gracias y sírvanle con gran humildad.

martedì 16 dicembre 2014

Nací con el corazón herido...














Nací con el corazón herido
y una estrella sobre mi cuna
llantos y dolores vividos
de antepasados sin noción ninguna.

Nací con una estrella sobre mi cuna
como un velo que ahuyenta seres extraños
 me protegió de malhechores, maldades 
y quién sabe qué daños.

Nací con el corazón herido
en busca de una utopía sin destino
añorando un paraíso nunca encontrado
así como un amor no agotado.

Nací con una estrella sobre mi cuna
que con su luz protegió mi inocencia
guiándome en tinieblas y bosques
con tierna candidez y clemencia.

Nací con el corazón herido
y una estrella sobre mi cuna….

Rocío F.
 17 de diciembre 2014

mercoledì 10 dicembre 2014

El abogado, el músico y el reo

Era un procedimiento normal. Había que estar el día entero en el hospital. Pero por esas cosas de la vida, un día ordinario se convierte en un momento de reflexión. 
Un hospital público en Nueva Zelanda. Un hospital público que desgraciadamente no podríamos soñar en América Latina con atención de primera, limpieza, pulcritud, puntualidad… y sobre todo justicia social.
Ahí estábamos. Eran 4 camas. Había que descansar a pesar que ya hubiese terminado la prueba sólo por cuestión de seguridad. 
Frente a nosotros, acostado se encontraba un señor rellenito, como de 55 años, de tez redonda y cara simpática. Descubrimos durante la conversación que era un importante abogado de una zona del sur de Nueva Zelanda. Nos cuenta de su trabajo, su agenda y sus enormes compromisos. Un hombre importante y alegre. Nos deja por 45 minutos. Regresa de la prueba con sus ojos lagrimosos. Estaba sufrido, desilusionado. Con tristeza nos dijo: “ya no podré jugar rugby”. Quizás la constatación que simplemente estaba envejeciendo.
De pronto entra a la sala  alguien que llamó mi atención. Su tez pálida y su mirada perdida. Tenía tatuajes en los dos brazos, y uno de sus ojos verdes lo tenía ligeramente desviado. Su cuerpo parecía enorme y a pesar de estar acostado y cubierto con una frazada llamaba la atención la enormidad de su cuerpo. Al principio no entendía bien de quién se trataba. Había una mujer que lo acompañaba con uniforme. Nos preguntábamos si sería la encargada de la ambulancia. Después de que se quedó a su costado comprendimos que se trataba de un prisionero de la cárcel y ella era su vigilante. 
El hombre nos comentaba que hacía un mes estaba internado, que había tenido un ataque al corazón y que no sabían que tenía… pruebas y más pruebas y falta de diagnóstico. Por su rostro se veía un tipo que había pasado por drogas y por mucho más. Cortes en la cara. Sin embargo, no había perdido un no sé qué de simpatía y humor. A pesar de la incertidumbre de cómo estaba me daba la impresión que para él era una especie de “vacaciones”. Bromeaba con la enfermera y le decía que quería regresar a su piso a comer “jelly y ice-cream”. Porque lo único que no había en “jail” (prisión) era “jelly”. (gelatina). Ahí comprendimos que se trataba de un reo y que al menos estaba gozando de la gelatina y el helado que jamás tendría en la cárcel.
El abogado, el músico y el reo. Y ahí estaban los tres compartiendo la misma prueba y también un poco de broma y humor frente a la vida. Eso me gusta de las sociedades más justas. Donde desde un hombre de clase adinerada puede gozar de los mismos beneficios que un reo.
Creo además que una sociedad más igualitaria genera también una mayor solidaridad y una mayor realismo: el clasismo, la discriminación, el arribismo, o la ambición es lo más “irreal” de la existencia pues al final todos, absolutamente todos somos iguales: nacemos, vivimos, nos enfermamos y seguimos luchando por la vida.


Nos íbamos.  Después de 4 horas pudimos dejar el hospital. Saludamos al abogado, le deseamos lo mejor, saludamos a nuestro amigo reo y nos deseó buena suerte… nuestro amigo se sintió triste nosotros salíamos en 4 horas, él tenía que seguir ahí quién sabe hasta cuando.  Finalmente miré por la ventana y ahí estaba frente a nosotros el Océano y pensé que todos los que estábamos ahí gracias a Dios estuvimos mirando el mismo mar y nos sentimos por unos instantes en la misma barca de la existencia…

lunedì 24 novembre 2014

Esa relación tan olvidada...



Conversando con una gran amiga que me conoce hace mas de 30 años, me decía que yo siempre le insistía  que no quería vivir en la ciudad, que mi ideal seria vivir en el campo cerca de una ciudad. No me acordaba que era un deseo tan profundo, cimentado y sobre todo tan “antiguo” dentro de mi. Y aquí me tienen, por esos azares de la vida viviendo en Nueva Zelanda por un tiempo y cumpliendo mi anhelo bastante primigenio.

Sensaciones de la infancia que regresan.
Una especie de dejà-vu de lugares a los que nunca fui y ante los cuales siento que siempre conocí. 
Y es que creo que es algo tan originario la experiencia de la persona frente a la naturaleza que además de las relaciones humanas y la relación con Dios nacimos para vivir  en armonía con toda la creación.
 Y es por la locura humana que prescindimos de lo invisible divino y de lo mas visible y olvidado, eco de lo divino: la naturaleza.

La naturaleza tiene su propio ritmo que aquieta el mío. Ella no tiene libertad, sigue obedientemente la ley que la regula. Yo tengo libertad y a veces acelero o desacelero desproporcionadamente ante la vida. Cuando camino aquí en medio de ríos, colinas, praderas es como si los arboles, el rio, las montañas me susurraran “obedece la ley de la vida”. Es como si su silencio y su paz me enseñaran que la verdadera Palabra solo brota del silencio: del silencio del que escucha, acoge y ama. La verdadera palabra es la palabra del amor y del don. Todo el resto es vana palabrería. 

Recuerdo vívidamente cuando mis papas nos llevaban  religiosamente los sábados de invierno a la Cantuta, un lugar a 150km de Lima para escapar del frío y tener algo de contacto con la naturaleza. El olor a eucalipto, la aridez de la montaña, la sorpresa ante el riachuelo que se encontraba en medio de ella, el verde aquí y allá del inicio de la sierra peruana… vividos recuerdos que me hacían trasladarme a un mundo diferente de la ciudad: una atmósfera de paz, silencio, verdor, conmoción y éxtasis.

Hoy vivo lo mismo. Basta caminar cien metros de la casa y me traslado a otro mundo, o mejor dicho al verdadero mundo, aquel para el cual fuimos creados. Un mundo mas en sintonía con la naturaleza, un mundo mas pacifico,  silencioso, calmado, un mundo mas contemplativo que se sabe en las manos de Otro y abandonado a ese Otro. Que razón tenía Rahner cuando señalaba que solo la contemplación salvaría al mundo. A mi me esta salvando.

domenica 26 ottobre 2014

Narrando a mi pareja...


Cuando era adolescente no existía el iphone, ni el what’s app, ni el mail, ni el Facebook… así que si algún chico te enamoraba además de los encuentros que se daban durante el día, la tarde o la noche eran perfectos para pasar largas horas al teléfono. Mi mamá, como todas las mamás del mundo se sorprendía de la capacidad que teníamos de hablar por teléfono y obviamente se preocupaba por las cuentas telefónicas.

Y es así. Cuando uno se enamora siente la exigencia de “narrar” al otro la propia historia: “cuando era chiquita me corté el pie con un vidrio”, “siempre íbamos a la Cantuta los fines de semana”, “mi papá estuvo gravemente enfermo cuando tenía 9 años” ,  “desde pequeña quería  ayudar a los pobres“, "no me gusta mi dedo gordo del pie" “hundía en la piscina del Regatas a mi vecina porque era más gordita que yo”, “mi mamá me tenía que cantar la batalla del calentamiento para levantarme en las mañanas”, “mis hermanos  cuando era pequeña me apagaban las luces del baño en la noche cuando me estaba duchando” y así las historias y las anécdotas tanto de él como mías se volvían interminables.

Siempre me pregunté ¿por qué nos narramos tantas historias cuando nos enamoramos?[1]
Cuando uno está enamorado uno busca que el otro te conozca e intentas descubrir el misterio del otro:  la mejor manera es contándole tu vida y escuchando la suya.

 El narrarnos es fundamental para conocernos mutuamente. Pero no sólo es fuente de conocimiento. La palabra tiene también la fuerza de volver a traer al presente lo vivido, de actualizarlo otra vez. Y la experiencia que tengo es que cuando narro frente a la persona que amo esos momentos dolorosos que viví, éstos se entrelazan con el amor de mi amante como quien cubriera todas estas ruinas con su compasión, su ternura y afecto. Todo se colma de paz, sobre todo esos momentos donde me sentí profundamente sola y desamparada y como por obra de gracia el habérselo contado hace que ahora cuando miro atrás esté todo lleno de su presencia y de su amor porque volvió a caminar conmigo lo que en un momento caminé sola.  El pasado se transforma y se renueva por el amor.

El narrarnos es una dimensión de la vida que nunca se ha de perder en la pareja. No bastó habernos narrado una vez tantas historias... pues vamos cambiando y el narrarnos es condición fundamental para acompañarnos el uno al otro en el cambio. El narrarnos es fuente de paz, de sanación, pero también es fuente de interpretación del presente y de compromiso ante el futuro.

Cuando le narro algo a mi marido donde él no estuvo presente o él me narra algo ambos interpretamos el hecho para que este sea reconfigurado a través de los ojos del otro. El amor es también creativo y y recrea nuestra corta visión dándole perspectiva a la los sucesos o a las interpretaciones. 

Narrar también es promesa… pues le prometo lo que sueño, espero y lo que me propongo a través de mis palabras. Narrar y saber que el otro ya conoce la historia me hace sentir en casa, en su casa, en mi casa.

 Narrar es también una de las funciones más divertidas para gozar de la irracionalidad de mucho de lo que nos pasa. Me encanta en la mañana cuando de vez en cuando nos “narramos” lo que hemos soñado. Hoy le conté a Steve que ayer por ejemplo, soñé que una cámara de televisión me grababa junto a Nadal quien hacía una demostración de cómo jugar tenis. Yo era el conejillo de indias y a cada servicio no le podía responder ni uno solo. Durante mi sueño pensaba “acuérdate de la concentración que Steve dice que hay que tener cuando se juega tenis. No pienses en las cámaras”. Era imposible. No lo logré. Hice un papelón en mi sueño.

Simplemente nos reímos de la idiotez de mi sueño. Y para eso también es lindo narrarse.



[1] Mis amigos Giulia di Nicola y Attilio Danese lo respondieron en su libro cuando explican la importante función narrativa en la pareja.