giovedì 26 dicembre 2013

la sabiduría negrita, la sabiduría....




Soñé que daba a luz un hijo, el bebé era tan pequeñito que medía sólo quince centímetros. Me fascina el mundo de los sueños. No soy psiquiatra ni especialista en interpretarlos, pero he leído que cuando uno sueña que da a luz un hijo significa que ha adquirido un nuevo enfoque de la vida.

Y debo decir que es cierto. La semana víspera de Navidad pasaron tres eventos concretos. Una persona muy querida en cuidados intensivos por el atropello en la Javier Prado de un hombre que se da a la fuga y la deja en un estado de inconciencia… ya lleva una semana y está empezando a reaccionar. Recibo una llamada de Roma a darme la noticia que quien me acogiera hace unas semanas en la ciudad eterna y me prestara diariamente su sillón para trabajar en la computadora, en un viaje a Tailandia fue arrojado por una motocicleta y hace 20 días que no se recupera del coma. A mi sobrino de apenas 26 años le sucede un accidente y sigue en cuidados intensivos.  Gracias a Dios recuperándose.
Unos días de noticias bastante alarmantes. Me dejaron un poco en shock.

Me hacen sentir el misterio de la vida que a mala pena logramos entender. Parece banal. Al saber lo de estos amigos, por primera vez caigo en la cuenta que a mi también me sucederá. Quizás no un accidente… pero envejeceré, me enfermaré, moriré.  Y todos pasaremos por ello.

Para serles sinceros siempre pensé que este tipo de eventos eran algo “extraordinario” que salía del curso normal de la existencia. Eventos que sólo le sucedían a algunas personas.

Quizás o por no decir ciertamente he sido una burguesa mediocre. Alguien que pensaba que de una u otra manera había que buscar el bienestar. A veces, nos veo a todos  de aquí para allá buscando de distintas maneras esta felicidad continua: viajes, dinero, gastos, consumismo, belleza, ropa, fama, éxitos. ¿Cómo podemos ser tan ilusos de pensar que esta realidad es la permanente? O mejor dicho, cómo ser tan ilusos de pensar que ésta ES la realidad. Y seguimos todos como borreguillos las modas distintas, pues todos tenemos que ir a la playa en verano, broncearnos, usar el iphone de último modelo y gozar del bienestar que un “grupo selecto” puedo gozar. Y quien no pertenece a este grupo burgués aspira con ambición llegar a él y se esfuerza día y noche por este ideal ilusorio.

No. Esta no es la realidad. Mejor dicho, no puede ser el sentido por el cual nacemos, vivimos y morimos. ¿Cómo es posible que un evento, un accidente, una enfermedad bote por tierra todas estas ilusiones? ¿No significa que son transitorias, fugaces y de poca duración?

No. No me contento con ellas. No quiero dinero. No quiero joyas. No quiero ropa. No quiero fama. No quiero apariencia. No quiero reconocimiento. Aunque a veces idiotamente lo busco. Pero dentro de mi, no lo quiero, en lo más profundo.

Quiero algo que no se acabe, que perdure pase lo que pase. Que aunque vengan enfermedades, accidentes, desgracias, muertes haya algo que nadie me pueda arrebatar. Haya algo ante el cual yo desafíe al mundo entero y le diga “tú no ganas con tu poder de muerte”.

Sólo Dios sabe cuánto atesoro cada palabra que mi papá pronuncia. Siempre fue reservado y de poca habla. Ahora no. Le vino la lora con la edad. Pero quizás es porque ahora si tiene cosas que decir. Y hay frases e historias que repite una y otra vez a sus 91 años. Es un poco como el protagonista de la película de Tim Burton “Big Fish”.

Hay una que siempre me repite: “Negrita, ¿cuál es la virtud más importante que se ha de conquistar en la vida?” ¿Cuál papi? La sabiduría negrita, la sabiduría.

Y quizás este es el niño que nace en mi sueño, que doy a luz. La revelación que lo que uno ha de buscar en la vida y que permanece como un río subterráneo es la sabiduría de enfrentar con buen ánimo todo lo que venga de alegre, de doloroso, de preocupante o de triste. La sabiduría que te lleva a no rebelarte, sino enfrentar el día a día con equilibrio y esperanza, a no precipitarte, a fortalecerte para los momentos de prueba, a prepararte para ellos, a gozar de los buenos pero no ilusionarte con la fugacidad de los mismos, más bien atesorando todo lo que de interesante la vida te pueda enseñar. La sabiduría del niño que logra ver la belleza en lo más simple de un juguete hecho con sus manos, en una flor, en un ave, en la sonrisa y mirada del que te ama.

Quizás el bebito que ha nacido en mi sueño como nuevo enfoque de la vida es simplemente: “quiero aprender a vivir bien, a vivir sabiamente”, aunque me tome toda la vida para aprenderlo.


mercoledì 18 dicembre 2013

Las momias




Amo particularmente los SPA’s. Me fascina cómo es posible que a través de métodos naturales se logre una mayor armonía corporal, la relajación requerida, la liberación del estrés y una relación con el cuerpo que ayuda a que interiormente estemos mejor.

Ya lo habían captado los antiguos. Desde los orientales que llenaban sus cuerpos de aceite, pasando por los griegos y romanos con sus termas de distintas temperaturas, hasta los chinos con sus técnicas de masaje y todos los elementos que ponían sobre el cuerpo y que realmente lograban una sensación corporal benéfica.

Claudia, Carla, Maria Elena y Cecilia lo sabían bien. Sus vidas no están exentas en lo absoluto del estrés limeño. Como madres de familia lidian a diario con los hijos, las idas y llevadas, las actividades cotidianas, la organización de los pendientes, las preocupaciones, sin hablar del tráfico limeño. Son amigas desde el kinder. Es una amistad que ha durado con los años y que las ha sostenido en los distintos avatares de la vida compartiendo alegrías y tristezas.

¿Qué mejor que hacerse todas juntas un regalo de un día de relax total? ¿Qué mejor que ir a un SPA olvidándose de hijos, maridos, trabajos y pendientes para recuperar la energia un poco desgastada en los últimos días?

Llegan al SPA “La Vie”, ya el nombre invitaba a que en este SPA sabían lo que hacían, quizás nuevas técnicas de relajación venidas desde Francia. Son recibidas con un delicioso jugo de naranja como para refrescar y sentir la “purificación estomacal”. Luego vienen unas ensaladitas de frutas, un poco frugales para el gusto de Claudia, pero en fin, esto es verdadero relax. Así te tratan en un SPA. Nada de exageraciones, todo natural, todo saludable. Y hasta aquí todo bien.

De pronto, se inicia la sesión de barro. Una capa tras otra. Claudia no siente un poco ya la cara. Carla no logra moverse bien pues se ha quedado un poco paralizada a medida que las capas crecían. Ceci comenzaba a sentir frío. El bendito barro se había enfríado y cual momias de Paracas las envolvieron con unos plásticos que a Claudia le empezó a dar un ataque de claustrofobia: “Me siento encerrada en una bolsa plástica… liberénme”. Empezó el ataque de risa. Lejos de relajación,  una risa nerviosa, divertida e inquieta comenzó entre las 4. Qué paz ni qué paz, que nos quiten esta porquería de barro. Risas y más risas. Más tension. Finalmente llegó gracias a Dios la hora de quitarse el barro. Se aproximan a la ducha y de pronto comenzó a salir agua fría. No había agua caliente. Lograban a mala pena quitarse un poco del barro… hasta que un chorrito chiquito, unas cuantas gotas y el agua se terminó. Vino la responsable del SPA. Curiosamente eran las únicas clientes, quizás las primeras y las últimas: “hemos tenido un problema con el agua. Ha habido un corte”. Todas se miraron con terror: “¿un balde de agua fría? ¿Una tetera con agua caliente? Un mazaso para tirarles a todos en la cabeza?”.

El estrés fue creciendo. Lo único que querían era salir de ahí. Con toallas en mano, slaps, y lo necesario para cubrirse y no hacer papelón salieron embarradas rumbo a casa. Qué SPA, ni qué SPA. Qué relax ni qué relax. Eso si, una historia divertidísima para contar en la reunión navideña de la PROM. Eso sí es relax.

domenica 8 dicembre 2013

Pan calentito con mantequilla y mermelada...



Fui siempre un poco idealista. Un poco naïf. Bastante ingenua. Lo sigo siendo. Me es difícil pensar mal de alguien, me es difícil desconfiar y suelo no calcular los riesgos cuando de abrir el corazón se trata. No me cuesta mucho perdonar. Olvido las ofensas y sigo dando oportunidades. Si. Así soy. Pero, ¿Qué hago? Anhelo un mundo feliz. Quisiera que no hayan guerras, ni injusticias, ni pobres, ni sufrimientos. Quisiera que todos seamos amigos, que nadie esté enemistado con nadie, que puedas tender la mano sin recibir a cambio una serpiente, me gustaría un mundo sin dobleces, ni hipocrecías. Un mundo sin miseria y dolor.  Pero no es real. No es posible. No en esta vida.

Eso hace que muchas veces no sea tan feliz. No podré ser plenamente feliz. Y he renunciado a ello. Antes buscaba la felicidad continuamente. Trataba de ver siempre lo bueno en cualquier situación, aunque fuera la más oscura y pesada que viviera. De eso ya me cansé.

Sin embargo, no me resigno tampoco a una actitud derrotista, pesimista, amargada o desesperanzada. Ni tampoco me conformo con una actitud melacólica de quien espera un futuro mejor para el mundo. Esa tampoco soy yo.

Mis amigas fraternas me bromeaban diciendo que en mi epitafio me pondrían “la que siempre se preguntaba por lo que tenía que hacer en el mundo”. Mi sensación era de tal impotencia, de tanto deseo de hacer el bien, de sentirme perdida y desorientada en un mundo que no te da claves para orientarte que pensé que esa pregunta jamás la contestaría.

Quizás pensaba que a mayor relación con Dios el panorama se me aclararía. A mayor oración la certeza crecería. Para serles sinceros ha sido todo lo contrario. Tengo menos luz, menos certezas interiores, pero un hilo fuerte de fe, templado como un nylon que aunque delgado resiste y resiste.

Y creo que encontré a los cuarenta y tantos años algunas claves fundamentales para vivir que son mi pan de cada día, como ese pan calentito que provoca comer con mantequilla derretida y un poco de mermelada.
 -       No preocuparme del futuro. ¿Para qué? Si ni siquiera sabré si el próximo año seguiré en esta tierra.
- No darle vueltas a lo que no entiendo. Si no lo entiendo es porque no ha llegado el momento de entender y hay que esperar con silencio para que aflore la verdad del alma.
-       - No culparme inutilmente. Cuando hice un error lo hice. Hay que pedir perdón, levantarse al día siguiente y enmendar en lo posible.
-       - No querer eternizar la felicidad que siento. Soy feliz y es bueno y estoy abierta a lo que la vida me depare.
-       - Gozar del momento presente, agradecer cada día lo que la vida nos ofrece: el alimento, la compañía, la familia, el amor, un abrazo, un beso, una lectura, un pensamiento, una película. 
     - Tener siempre el silencio para estar contenta a solas conversando conmigo.
     -  No se necesita mucho para ser feliz. Y cuanto menos se tiene para mi humilde entender la vida se complica menos. Lo simple siempre es más simple.
-       - No pretender cambiar a nadie. No podemos cambiarlos, solo aceptarlos.
     - Seguir mis intuiciones, aunque sean oscuras, aunque sean imprecisas, actuar en buena conciencia y seguir.
-       - Aferrarme a ese hilito de fe. Es mi única certeza y es mi Fortaleza.
-       - Escuchar mi cuerpo cuando se cansa, pues si él se cansa es que mi alma y mi espíritu necesitan descanso y hay que obedecer.
-       - Luchar y luchar. Cuando te levantas al día siguiente y a veces no te levantaste con el pie correcto una ducha de agua fria ayuda a templar bien los músculos y a decirte “levántate querida, un día más de lucha”.
-       - No seguir buscando lo que la vida quiere de mi, no seguirle preguntando a Dios, más bien obedecerle y obedecerme y así se va aclarando el panorama. Y obedecerle es algo tan sencillo, como hacer lo que se tiene que hacer, tratar de amar a los que tenemos delante y buscar hacer el bien cuando se puede.
-       - Seguir mi alma de gitana, cambiar cuando sienta que tengo que cambiar, no aferrarme a lo que ya me da seguridad, pues el que nace Gitano se queda Gitano. No me gusta estar en el puerto ni anclada. 
-       - Seguir esa búsqueda insaciable por lo nuevo, pero no por la novedad sino por aquello que me da vida y hace que me renueve.
- - Cultivar mis antiguas y nuevas pasiones. Ahora estoy concentrada en la cocina, en el rugby, y en el deporte, pero como quisiera comerme el mundo entero creo que los años me van al faltar con todas las ganas que tengo de hacer y aprender a hacer muchas cosas.

-      -  Seguir siendo una buscadora de Dios y del ser humano.
-       - Reírme un poco de mi misma: de mis errores, de mis torpezas, de mis mil limitaciones que fastidian a los que me rodean pero que aceptan los que me quieren.
-       - Llorar un poco… hace mucho que no lloro. Es cierto que estoy muy feliz. Pero siento que un llanto dentro de poco me vendría bien.
-       - Vivir la realidad sin mascaras: dejar que ella sea y decir la verdad sobre ella, pero al mismo tiempo relativizarla pues mi corazón estará resguardado para que solo entre aquello que me haga bien y haga bien a los demás.


Esas son las cosas que me estoy repitiendo. Me es difícil practicarlas pero intento. Al ser cada persona tan distinta, creo que  todos tendríamos que tener nuestras claves personales… estos son mi pan de cada día, ese pan calentito con mantequilla y mermelada.

venerdì 6 dicembre 2013

Gustavo Gutiérrez (I)

Para no aburrirlos con un post muy largo, voy a escribir tres pequeños posts sobre el libro “Dalla parte dei poveri”.

Acabo de terminar de leer el libro de Gustavo Gutiérrez y el Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo Gerhard Ludwig Muller. Lo recomiendo vivamente. He escuchado comentarios señalando que el arzobispo Muller ha sido ingenuo al avalar a Gutiérrez, no sabiendo el daño que hizo la teología de la liberación en América Latina. Creo efectivamente que toda postura extremista ya sea de derecha o izquierda que conlleve una visión ideológica y conflictiva es problemática y hace daño. Sin embargo, al mismo tiempo, no puedo de dejar de valorar todo el bien que las personas en buena fe hicieron en su momento. Como diría el Papa Francisco, por más que él no compartía la visión marxista, siempre apreció el compromiso que éstos tuvieron con los pobres. Muchas veces, o mejor dicho casi siempre la cizaña está junto al trigo.

Al terminar el libro, mi percepción más que una crítica de ingenuidad hacia el Prefecto para la Doctrina de la Fe me ha dejado muchas impresiones positivas al respecto:

Aprecio honestamente la sinceridad intelectual de Gustavo Gutiérrez. Creo que su teología tuvo excesos en su momento y confusiones que fueron motivadas por la situación de pobreza y desigualdad que él y muchos percibían en América Latina, así como por el influjo del marxismo en su época.

Considero que su diagnóstico fue correcto, más no sus respuestas.  

Los años, la experiencia, las correcciones, los cambios históricos han hecho que Gustavo Gutiérrez modere sus posturas y corrija sus errores por lo cual lo aprecio y lo respeto. La humildad es la característica profunda de una persona intelectualmente honesta. Como señala el mismo Gutiérrez: “en la teología es necesario siempre estar dispuesto a modificar las propias opiniones en función del servicio de la comunidad de los creyentes. (…) No se puede prescindir de la doctrina y de la experiencia vivida en el ámbito de la Iglesia en el cual el Magisterio custodia e interpreta auténticamente el depósito de la fe” (p. 13).

En mi tesis doctoral critiqué algunos puntos de la teología de la liberación que me parecían problemáticos. Me llamó la atención que de los tres elementos que critiqué en este libro se corrigen aquellos que me parecían más preocupantes:

a) Por un lado relativiza la teología de la liberación, pues él mismo dice que puede servir para una época, para una región y que no puede ser una teología que intente abarcar toda la realidad. Se aleja así de una postura ideológica considerando a la teología de la liberación como la única teología o la única perspectiva de mirar la realidad: “en este contexto las diferentes teologías son útiles e importantes esfuerzos, a condición que no se consideren únicas e indispensables y que sean conscientes de su rol de modesto servicio en la misión fundamental de la Iglesia”.

b) La pregunta frontal que se hacía Gutiérrez al inicio era ¿Cómo decirle al pobre que Dios lo ama? Esta preocupación fue válida desde sus comienzos. ¿Cómo hablar de Dios a una sociedad cargada de miseria, desigualdades, injusticias y sufrimiento? Creo que la teología de la liberación poniendo cómo punto de partida a los pobres, no trata como  diría Muller solucionar la realidad de injusticia: “la pregunta de fondo tiene una orientación teológica. ¿Cómo se puede hablar de Dios, de Cristo, del Espíritu Santo, de la Iglesia, de los sacramentos, de la gracia y de la vida eterna frente a la miseria, la opresión de los seres humanos en el tercer mundo teniendo presente que consideramos al hombre como creado a imagen de Dios, por el cual Cristo ha muerto para que el ser humano experimente a Dios como salvación?” (p. 79)

            Entonces el punto de partida sigue siendo válido. Es más, como señalara Muller, ese punto de partida de la opción preferencial por los pobres no tiene origen en el marxismo, su origen está en el mismo Evangelio, en el Cristo que se hizo pobre e invitó a todos a la pobreza del Evangelio. La misma propuesta marxista  tiene orígenes judeo-cristianos (no sobre la lucha de clases evidentemente, sino sobre el compromiso con el pobre).

El problema mayor fue la respuesta ideológica que Gutiérrez y algunos de sus seguidores dieron y que ahora corrige con total sinceridad: “Es necesario reconocer que los conflictos sociales como un hecho no puede llevar a proponer el desencuentro social como método de transformación de la sociedad. No podemos aceptar la lucha de clases”. (p. 10).

            Entonces, de manera sencilla, como primer punto podemos concluir que Gustavo Gutiérrez ha dejado la pretensión de que sea la única respuesta teológica, al mismo tiempo quiere seguir respondiendo a la pregunta sobre Dios desde la opción de los pobres y ha eliminado en su visión la lucha de clases como respuesta a la misma. ¡Buenas correcciones querido compatriota! Seguiré comentando su libro en los siguientes posts.

martedì 12 novembre 2013

De México a Roma, de Roma a México... y el círculo se cierra.



Estudié teología. Estudié sobre la vida consagrada y viví la vocación a ella. Consagré 25 años de mi vida al Señor. Pero hay cosas que solo se entienden viviéndolas. Mi concepto de vocación era algo estático. Desde niña  sentí la llamada de Dios. Para mi significaba que Èl desde toda la eternidad me  invitaba a seguirlo para siempre en un estado de vida. Esto enseñé, practiqué y viví. 

Sin embargo, hay ciertas vidas de hombres y mujeres de fe que demuestran lo contrario, ¿Qué pasó con Santa Rita de Casia, Concepción Cabrera de Armida, Juana de Chantal y otras más? ¿Qué pasó con Madre Teresa de Calcuta, Teresa de Ávila y otras que cambiaron de institución? ¿Qué pasó cuando una persona vivió el matrimonio y luego se decide entrar en un convento o al revés? ¿O de una institución pasa a otra o inicia una nueva? ¿Es que nunca tuvieron la vocación al matrimonio o nunca tuvieron la vocación a la vida religiosa. o a una concreta congregación?

No lo creo. A lo largo de todo lo vivido he ido profundizando en lo que significa “la vocación”. Ante todo creo que ésta es la historia y la alianza de amor entre Dios y cada persona humana. Y en esta historia de amor “los caminos de Dios no son nuestros caminos, ni sus pensamientos los nuestros”. Yo pensé que viviría y moriría como laica consagrada. Nunca he pensado que me equivoque de vocación. La sentí de niña y la sigo sintiendo ahora de adulta. Me sigo sintiendo llamada por El, elegida por El para ser un instrumento más de su amor en el mundo. Sin embargo, Dios no puede ir en contra de la libertad humana, de los errores, de las debilidades de los hombres y de las instituciones. Y así, la historia parece no tener sentido, porque se desvía de su cauce original.

Cuántas veces me pregunté, ¿es que yo escuché una llamada que no era Dios? ¿Es que Dios se olvidó de mi? ¿Cómo hará ahora para arreglar la historia cuando hubieron personas concretas que me decepcionaron del camino emprendido? ¿Cómo seguir cuando uno no siente más la inspiración o no comparte ya el mismo carisma? No critico a quien se mantiene en la institución. Admiro tanto a los que se han salido como a los que se han quedado, habiendo todos sufrido una gran decepción. Todo el cuerpo sufrió desde el dedo mequiñe hasta la cabeza. Y todos sufrimos y en eso hemos compartido la misma suerte. Todos estaremos ante Dios y a todos se nos juzgará por el amor y la verdad con la que vivimos.

¿Es que acaso me equivoqué cuando decidí seguirlo? No creo. Pues aún sigo sintiendo la llamada y mil veces volvería a elegir lo mismo. Como mil veces estaría donde estoy ahora. Porque en el fondo, lo único que Dios quería es acercarme a El a través de una historia misteriosa.

Yo sentí que me llamó cuando apenas tenía 16 años y me encontraba en un viaje a México en un crucero. Es ahí mirando al mar que le dije mi “si” definitivo. Y de las aguas del Pacífico me  llevó hasta el Meditarráneo donde le volví a decir que sí en Roma. Y de Roma me devuelve a México, tierra bendita donde nació mi vocación y donde hoy esta tierra me acoge para poder entregar lo que arde en mi corazón.

Lo que más me atrajo de la vocación a la vida consagrada era la dimension laical. Y créanme que nunca como hoy puedo vivir esta vocación en toda su plenitud. Soy totalmente laica, y por ser enteramente laica me siento que puedo ser toda de El.

Me siento llamada a compartir mi vida con un compañero en el camino y por ello la dimensión laical la puedo desplegar a 360 grados. Pues es en el matrimonio por excelencia que me es permitido vivir a través del amor humano el amor divino, viendo en el otro al rostro del mismo Dios. ¿Qué más laico que esto? ¿Cómo no llamar a esto una consagración del todo laical? El corazón entero a Dios, porque entero a una persona. El corazón entero a una persona porque entero a Dios.

Cosa curiosa. Cuando me hablaban de evangelización y de grandes horizontes, yo siempre pensaba que me bastaría hacer bien tan solo a una persona para sentir que mi vida valía la pena.

Hoy me encuentro con un rostro concreto ante el cual estoy llamada a hacerle el bien, hacerlo feliz y cumplir lo que dice el Evangelio en una persona concreta: “tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, enfermo y me visitaste”, triste  y me consolaste, solo y me acompañaste, desalentado y me animaste, molesto y me calmaste, alegre y reíste…